Siempre Marina

Su nombre es Marina. Ella esta parada frente al mostrador de Air France, donde espera con intacta paciencia el registro de su boleto aereo. Su sola presencia frente al mostrador, transforma todo a su alrededor. Lo que debio de ser uno mas de los lentos e impersonales tramites antes de volar, se convirtio en un placer compartido, porque me permitio estar junto a ella unos minutos antes de compartir nuestro vuelo en la soledad de las alturas, y tambien, a la empleada de la aerolinea, disfrutar del limpido aroma del perfume de Marina.

La empleada de Air France despues de despertar de la ensoñacion provocada por Marina, nos informa que el vuelo viene retrasado. Yo, que me encuentro justo al lado de Marina y derrotado como de costumbre a causa de mi fatal timidez, finjo a traves de mi expresion facial no comprender lo que ella me dice, ya que nos lo comunica en un impecable frances con un ligero acento nasal.

-Je suis desole, dijo la empleada, terminando su explicacion con una sonrisa.

Mi timidez mezclada con la urgencia de ver de frente y de manera total el rostro de Marina activa en mi el deseo de fingir que no entiendo el frances y continuo frunciendo el ceño, aparentando una falsa fragilidad ante el dicurso incomprensible de la empleada.

-Vous ne parlez pas francais?, me pregunto la empleada, sin disminuir en lo mas minimo su caracteristica rigidez frente a las personas que no hablamos o fingimos no ser francoparlantes.

Claro que lo hablo y lo entiendo y a la perfeccion, y la empleada de Air France lo sabe bien, ya que fui atendido antes de Marina, y entre la empleada y yo no hubo un solo malentendido entre su impecable frances aprendido en la calidez de su hogar materno a las afueras de Lyon, y el mio en cambio, de una manera torpe en la provincia de Quebec; sin embargo, con la aparicion de Marina en el mostrador no tuve otra opcion mas que quedarme ahi, observando como Marina modifica y aligera el aire que la rodea y dandome cuenta y de una vez por todas de mi fatal timidez.

-Je ne parle pas francais, le conteste a la empleada con una determinacion insolita en mi.

La empleada lanzo su mirada directo a mis ojos y pude sentir su desconcierto, ya que hable con ella en frances y ahora le digo que no lo hablo, y se lo conteste tambien en frances; fueron cinco segundos de una densa incomodidad, pero a pesar de todo, la empleada lo supo comprender, debido a sus diez años de trabajo ininterrumpido para Air France y miles, si no es que millones de viajeros atorados entre su lenguaje materno y los demas lenguajes que el naufragio este que llamamos vida nos va imponiendo con el transcurrir del tiempo.

Marina, siempre Marina, volteo a verme primero de reojo, permanecio serena unos segundos y despues, con esa naturalidad y ese porte que distingue a las Rusas de las demas mujeres del mundo, me pregunto: De seguro que viajas mucho?.

No se como lo intuyo y nunca lo supe. Desconozco que signos de viajero haya notado en mi, en cambio, yo si observe en ella un rasgo caracteristico en los viajeros frecuentes: sus zapatos tenis; y no fue debido a que desarmonizaban de una manera drastica con su bolso de cuero Louis Vuitton y sus discretos aretes de los cuales pendian unas deslumbrantes perlas extraidas del Mar Caspio, resguardadas con celo de generacion en generacion, actividad que solo las mujeres y en particular su bisuabela pueden llevar a cabo. No, no fue la total desarmonia en su atuendo lo que llamo mi atencion, fueron los tenis, y no es que yo haya atribuido a su calzado caracteristicas exclusivas de esa especie errante que somos los viajeros, si no que para mi y con una puntual rigurosidad, las mujeres siempre comienzan en los pies.

La empleada interrumpio nuestro breve dialogo y nos invito a pasar y de una manera muy amable a la sala de espera, donde podriamos continuar nuestra conversacion y permitir a los demas pasajeros registrar su boleto aereo.

Nos recorrimos hacia el extremo derecho del mostrador desde donde se podia mirar esa tienda que nos permite a nosotros, los viajeros retrasados, matar el tiempo de espera y de paso darnos cuenta de todos los amigos que tenemos, que nos estan esperando y que nunca reciben ningun regalo de nuestros viajes, esa tienda es Duty Free. Marina fue la que hablo primero y retando al destino y a mi tambien, me dijo que me aceptaria una copa si le contestaba de manera correcta su pregunta.

Yo, claro, no podia creer lo que estaba escuchando, Marina era, es, de esas pocas angelicales apariciones a las que uno tiene acceso en la vida, y en un aeropuerto, a las diez con quince minutos en medio de una dura tormenta de nieve invernal, es la mas improbable aparicion que uno pueda imaginar.

Su pregunta fue sencilla, concisa e improbable, como lo era, es, ella misma. Me dijo: En esa tienda hay dos cosas y solo dos que vale la pena comprar, si sabes cuales son, te acepto una copa. Mi primer reaccion fue contestar de manera inmediata, de seguro, para iniciar este juego lo antes posible y darme aires de jugador experto, sin embargo, lo medite un poco, observe la tienda, despues la mire directo a los ojos y en esa mirada me reconoci, reconoci esa historia ya tantas veces contada y vivida de los amores cortos, de esos naufragios que comienzan con la mirada. Me decidi y conteste: Es facil, dije, el Diccionario Collins Ingles-Frances y el vino tinto de cepa viña Henriquez. Lo respondi sin titubeos y con la seguridad de haber ganado el derecho de estar con Marina por lo menos unos minutos. Ella sonrio mostrando su dentadura perfecta, me miro directo a los ojos y yo le correspondi la mirada, con la absoluta lucidez de que ella es el naufragio, siempre es asi, la diferencia ahora con Marina es que decidi navegar con la lucidez del que sabe que se debe naufragar.

Montreal, Primavera del 2005.

[ comments are closed ]